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Detrás del espejo... [ACEPTADA]

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Detrás del espejo... [ACEPTADA]

Mensaje por Juliette France el Mar Oct 02, 2012 2:05 am

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Amélie, madre de Juliette, tuvo la sincera intención de otorgarle el don de la belleza a su descendencia. Pero no le salió. O tal vez, a medias. Juliette es una chica matapasiones. Complexión media, cabello extraño, color de ojos indefinidos, rasgos completamente ignorables y sin muchas curvas, resulta ser el ideal de niña nerd a la que no necesitas ver. Sin embargo, ella suele sacar partido de sus pocos atributos, inventarse otros y, dependiendo de los ojos que le miren y de lo que ella pretenda que vean, puede convertirse de patito feo a cisne.

Para desgracia de Amélie, –la antes mencionada madre de Juliette– justamente lo que ella más del padre de su hija detestó, fue su desordenado y extraño cabello verde; el cual, entre la ironía y el karma, le heredaron a la pequeña Juliette. Naturalmente, el odio hacia este rasgo fue transmitido de la madre a su retoño, por lo que Juliette considera necesario el uso de pelucas de toda clase de colores y peinados en todo momento y en todo lugar. Tal es su complejo que, si por alguna caracterización necesita usar el cabello de color verde, prefiere usar una peluca que mostrar su cabello natural. La persona que se atreva a mirar a éste, seguro le mata. Ya sea con amor, o de la manera más cruel y despiadada.

Sus ojos, de un verde / café / marrón aguasucia, suelen tomar el color del atuendo que Juliette use en el momento, por lo que resultan confusos, sucios y... bueno, Juliette los odia también. Y, como se explicará más abajo, Juliette, de la misma forma que hace con su cabello, no se atreve a salir a encuentro con alguien sin el uso de un par de pupilentes, que de alguien vérselos... Ya lo expliqué arriba, con su cabello.

El resto de su rostro, como se dijo en un principio, nada destacable, es de contorno ovalado y pómulos medianos los cuales no poseen rubor alguno. Un muy ideal color crema –usualmente maquillado de distintas tonalidades, y hasta colores–, rasgos neutrales, como es su nariz recta, sus labios de pálido durazno, contorno fino y textura suave. Su rostro es su lienzo favorito para crear las más variadas obras.

Y si no me he detenido a detallar su cuerpo, es porque ni si quiera hay de mucho para hablar. Su complexión es delgada, apeanas pesando 46 kg, y su estatura es mediana –la que compensa con tacones, de los cuales es experta en su uso– constando de 1.60m. Sus pechos, medianamente desarrollados, suele ocultarlos ajustándoselos al cuerpo con ayuda de un corsé, aunque si el personaje lo solicita, el relleno es buena opción. Si algo hubiese a destacar, serían dos cosas: Su pequeña cintura de avispa y sus piernas bien torneadas, por supuesto que tampoco son algo inevitable de ver aun llevando un pantalón, pero el día en que utiliza un short o alguna falda sin mayas, hasta despertar lujuria pueden.



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Mis teorías son las siguientes: O es lo demasiado inteligente para tener una personalidad definida; o es lo suficientemente idiota para serle imposible el poseer una.
Ella ni si quiera se molesta en pensar en esto, ya sea por miedo o por orgullo. Por no tener ella una historia trágica, algún trauma importante o cualquier clase de situación que la marcase de manera significativa, pues, no hay de dónde poder decir "ella se comporta así por tal y tal..." así que no divagaré en demasía.

Juliette, tal como su madre, heredó una enorme inteligencia y curiosidad sobresaliente. No me atrevería a decir que las cualidades anteriores son las que derivan su infinita introversión, mas ella las ve como un pretexto de esta situación. Me gusta decir que es una persona interesante, gusta de reinventarse día con día, pero ella lo toma demasiado a pecho, esto de reinventarse. Tanto que, ¿cómo te digo? Cuando la conozcas, en realidad no la vas a conocer. Sí, todos fingimos, todos mentimos y éso... Pero, ¿tú te disfrazas?, ¿te inventas nuevos nombres?, ¿te cambias la raza? Bueno, ella sí. Con ayuda de su increíble ingenio y la lectura de cientos de libros, la tarea no le requiere de mucho esfuerzo. Y no creas que es principiante, no, no, ¡nada más lejos! Ella tiene una basta colección de pelucas, maquillaje y pupilentes, es una profesional. Modula su voz, estudia a su personaje y hasta cambia su andar. El reconocerla es tarea sólo posible para aquellos obsesivos observadores que buscan la verdad sin cesar, y aún con tales virtudes se considera difícil de realizar, y no esperes que Juliette te lo acepte, éso jamás lo escucharás.

Ahora, destruyamos enorme orgullo: En el interior, muy, MUY interior de ella, hay cierta persona inconsistente, extraña, voluntariosa, rotundamente tímida, orgullosa, calculadora y... completamente en desorden. Sí, ya sé, suena muy complicado, pero es que, describir lo que hay dentro de la tan bien consolidada muralla de Juliette, es como una esquizofrenia inventada, totalmente creada por ella misma, de la que puede deshacerse, pero no prescindir.
Y es que, al convivir permanente y casi únicamente con su madre, y al ser ésta la mayor de las elitistas y altaneras, Juliette fue criada con la idea de que sólo alguien de una inteligencia como la de ella, podría ser digno de la Juliette verdaderia. Por lo que decidió abstraerse del mundo, pensar únicamente en la conveniencia y placer propios. Pero a la muerte de su madre, y la decisión de su abuela de enviarla a un colegio, surgió la idea de convertirse en una actriz, como oficio de por vida.

Es imposible que ella logré sentir algo por quien no considera digno. Aunque bien puede fingir cualquier clase de sentimientos, con cualquiera de sus personalidades o personajes, pero como ella, como Juliette, resultaría casi imposible llegar a entablar una amistad. Lo peor del asunto, es que de ser un sentimiento sin raíz, es total y completamente prescindible para ella, por lo que de no convenirle continuar con tal carga, la soltará sin considerar.
Aunque ya te lo has de imaginar, ella es en extremo huraña, por lo que si intentas en su cabeza o, corazón entrar, ¡vaya que la vas a liar! Seguro se enojará, de ti se alejará, te va a odiar y... si sabes actuar, te va a odiar tanto, que te va a amar. Pero tienes que saber antes, que el precio de su amor, es más caro que los diamantes. No cometas el error de creer que por ti va a cambiar, no; seguirá siendo la misma, es más, si no sabes observar, ni si quiera podrías darte cuenta de lo que ella siente por ti.

Parte de la destrucción de su orgullo, es enumerarles todos sus defectos: Ella no entiende absolutamente nada sobre el arte, fuera del campo del maquillaje y en general el disfraz. Ni si quiera entiende la belleza de la perfección de sus interpretaciones, mucho menos entiende la poesía de las obras literarias que lee, tan sólo absorbe información, nunca pasión.
¡Y qué decir de los deportes! Completamente inútil en ellos. Sus piernas son regalo divino, no de su esfuerzo. E igual de inútil resulta en la jardinería, la música (o sea, el tocar algún instrumento, o si quiera entendiéndola), juegos de azar, relaciones interpersonales y cocinando.

Pero este último párrafo es casi imposible de conocer. Para éso ella tendría que aceptarte en su mundo, lo cual no es fácil, y hasta pareciese imposible. Descubrir sus defectos igual es casi imposible de conocer, ya que toma toda aquella medida que sea necesaria para no permitir ver su vulnerabilidad reflejada en los ojos de alguien más, no hay nada que más odie, y éso es algo que nunca va a cambiar.



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[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] El maquillaje.
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Los disfraces.
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Los juegos de palabras.
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] La soledad de su habitación.
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Los helados, pero es un secreto.
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Los chicos mayores.
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Ver películas o ir al teatro.



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[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Que le invadan.
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] La confrontación.
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Toda aquella cosa que ella no entienda.
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Las personas estúpidas.
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] Las multitudes.



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Antes del Inicio:
Todo empezó en el momento de un coito entre un idiota promedio, con una mujer de belleza promedio. Su nombre era Amélie. Una mujer demasiado inteligente para poder mantener una relación estable por más de un mes; que bien consciente era de que su única necesidad de un hombre era su esperma, ya que la última ambición que tenía en la cabeza era el poder dejar descendencia.

El encontrar a un dispensador de descendencia no costaría más que la compra de un vestdido Channel rojo y una copa de brandy. "Buen precio".
Entró en un establecimiento que hervía de jóvenes apuestos y bellas francesas. Sus ojos inquisidores –[i]ahora mejorados por un par de lentillas con aumento de 1.5 dioptrías–
directamente y sin rodeos, buscaron entre las múltiples parejas, productoras de una casi insoportable cacofonía con sus exageradas carcajadas y chismorreos sin sentido, a un varón de talle alto, caja torácica con forma de triángulo invertido, sonrisa agradable y ojos hechizantes. Desgraciadamente, no lo encontró.

–Una piña colada sin alcohol... Por favor, otra... ¿Me puede dar una con alcohol?– Parecía que la arena del reloj estuviese mojada, que le costase un mundo caer hacia donde debía para que por fin las horas pasaran y llegase el tiempo de darse por vencida e irse a casa. –¿Y si le doy lo que busca?– La voz del desconocido le irrumpió en plena queja hacia Dios. Aquél era, ¿el barman? Qué indignante era que si quiera se atreviese a dirigirle una mirada, y más el que ella se viese directamente dirigida hacia su prominente escote. –¿Y cómo va a saber usted lo que vine a buscar?– contestó molesta, ¿la pensaba tan urgida? Si bien el desgraciado analfabeta seguramente el único conocimiento que poseía, era el de su estupendo físico. –Mirando el color y el escote de su vestido, oliendo su channel número cinco. ¿Le invito un brandy?– Tal como la escencia de un prefume invade tus sentidos, de pronto se vio atosigada por un repentino y excitante deseo de tener una pequeña aventurilla antes de continuar con la búsqueda de un perfecto postor. –Sólo si después nos vamos de aquí– ambos sonrieron.

¿Les cuento lo demás? No sean morbosos. Ya sabrán. Pero aquél no era el día, ese no fue el inicio de la historia de Juliette.

No fue la última vez que Amélie visitó el 3 Moulins. Muy equívocadamente creyó que la razón principal de ello, era que seguía en la búsqueda de su dispensador ideal; que invariablemente, cada noche de jueves, terminaban en el suelo de su apartamento, los pantalones del uniforme que debían usar los empleados del lugar. Con el tiempo hasta desarrollaron lo que sería su rito: Ella compraba un nuevo vestido semana con semana, más de seis botellas de Channel no. 5 fueron necesarias, a las 2:34 dadas, en la barra se escuchaba: "–Una piña colada sin alcohol... Por favor, otra... ¿Me puede dar una con alcohol?–" aquellas palabras, un intercambio de miradas y, lo demás, era historia.

Amélie, también, sin darse cuenta, comenzó a desear que nadie mejor que él por su camino cruzara. Ahora, muy dentro suyo, deseaba fervientemente un futuro juntos, con él, ya ni la descendencia se volvía necesaria. Ni si quiera se fijaba ya en que si era un pobre barman llamado Dominique, que apenas había terminado el troisième. Éso ya era mucho decir. Éso ya era amor.

Sus citas que siempre e invariablemente terminaban en su apartamento –ella nunca conoció el apartamento de Dominique– con el tiempo se volvieron más a menudo. Aún que su apartamento era un sitio infestado de cajas, artículos de todas las variedades, ropa por doquier y un sinfín de pares de zapatos. Apenas la cama y el refri eran señales de que aquello era una casa y no una bodega o un sitio abandonado. A Dominique poco le importaba, con saber dónde era que dejaba sus pantalones la noche pasada, le bastaba.

Las primeras señales que le dijeron "Hey, detente un poco y mira lo que estás haciendo", fue el haberse sorprendido a sí misma, comprando mes con mes, que la lavadora, que la licuadora, ahora la cafetera... Luego, un día sorprendió en su baño, un cepillo de dientes color verde, extrañada, lo examinó cuidadosamente, lo puso de cabeza, boca abajo, lo miró, lo olió y, con esto último, por fin lo reconoció. Otro, sorprendió a un gato en su ventana, ronroneando, casi obligándole a que lo dejase entrar. Molesta, fue a abrir la ventana para espantarlo, ¡y cual sería su sorpresa! En la orilla de ésta encontró algunas croquetas, recordó el amor de Dominique por los gatos. No, éso no podía seguir así.
Pero el tiro de gracia, ¡oh! el bedito tiro de gracia que es el que en realidad nos atañe, fue cuando supo que estaba embarazada de Juliette. Volvió a hacerse la prueba no una, sino cincos veces más. Fue al médido, se hizo los estudios, le confirmaron, pensó en el aborto. No quería terminar su relación con Dominique. Sí, ella odiaba ese enmarañado cabello verde, pero no lo suficiente para dejar de ir hasta el 3 Moulins y caminar quizá por la orilla del Sena.

Estaba devastada. Sabía que en el momento en que las palabras embarazada[i] y [i]estoy saliesen de sus labios, todo habría terminado. Muy en su interior, guardó la esperanza de que él le abrazara, le dijera que estaba bien, que es más, estaba emocionado, que en antes de que antes que acabase la primavera. Una vida juntos.. Sí, si ambos se esforzaban, éso podrían conseguir.

Lo que sucedió después~:
Antes de irse de Francia, quizo ella dar a luz a Juliette en el mismo hóspital que ella, a las orillas del Sena, después de ello esperaría tan sólo unos días para partir a Japón.

Una vez que llegó, su madre le recibió con una mirada tan severa que por un momento dudó que la decisión de haber huído de su país natal hubiese sido la correcta. Como fuese, estaba allí, su salud después del embarazo había menguado y estaba segura de que no podría vivir más que una década y un par de años más.
De esta forma creció Juliette fuertemente abrazada por el amor de su madre. Tanto le amaba que no permitió que fuese a ningún colegio, no deseaba apartarse un momento de ella, pues al saber que poca vida le restaba, deseaba aprovechar su tiempo con esmero.
Al contar con posgrados y tener un coeficiente tan alto, nada le complicó el darle lecciones en casa, a lo que Juliette respondía bien, aunque un poco más lento que a lo que Amélie le había acostumbrado en antaño. Qué gran desilución, estaba segura que todo era culpa de ese horrible cabello verde.

Lo que ella jamás pensó, era que realmente Juliette tardaba en responder no por la falta de comprensión hacia la lección, sino de interés. Aunque ella siempre ha amado –y amará– fervientemente el aprender, en casa es mucho más sencillo el que se pudiese distraer. ¿Por qué su madre no entendía que era más fácil que le diese un libro relacionado con la lección y ella lo memorizaría después? Pues para éso era la memoria fotográfica, joder.

Bueno, después de todo, aquella situación le favorecío enormemente a Julie. Su madre le trataba como a una chica normal, no le ponía carga de más de conocimientos, como le hubiese gustado hacer de enterarse del ingenio de su hija. Pero a pesar de ello, siempre sobre estimuló el ego de su hija, repitiendo –más veces de las necesarias– que nunca se enamorara de un idiota. Frase que estaba de más, la creciente autoestima de la pequeña francesa le era el mejor indicador de identificación y repelente de idiotas. Y no era como si ella se topase con demasiados, pues a lo único que salía al mundo exterior, por supuesto, con su madre; era a de vez en cuando comprar alimentos y más seguido, a comprar vestidos, listones y zapatos; aunque lo más curioso de todo, era que Amélie gustaba de Amélie gustaba de salir a la calle con ropas extravagantes, vestidos de la época victoriana –que a su gusto, le quedaban muy bien– y, por supuesto, Julie tenía que salir así también.

A los catorce años de Julie, a lo que más salía con su madre, era al médico. Era irónico, Amélie tenía un doctorado en medicina, y tenía que ir con un, como ella decía, incompetente que apenas había acabado la licenciatura, pues era el único médico del pueblo.
Su muerte era inminente, así que comenzaron las clases de tanatología que Juliette no consideraba necesarias, pues sabía de cuánto constaba la herencia que le dejaría su madre –suficiente para terminar sus estudios, y mantenerse todavía unos años más– y pasó los dos últimos años de la vida de su madre, buscando un buen colegio-internado donde independizarse.
En esta búsqueda, tuvo que confrontar su medio a salir de casa sola, conocía perfectamente que cuando muriese su madre, no tenía otra opción, pues su abuela había externado su firme deseo de no quedarse con ella. Así fue como nació la manía por los disfraces, se le hizo una forma fácil de afrontar al mudno exterior, y cierta y secretamente, un recuerdo de su madre.

Cambió los años extra que podría haber vivido sin tener que trabajar, por la herencia de su madre; por la inversión de cientos de atuendos, pelucas y accesorios de todos los tipos. Como último, se metió a alguna clase de curso para ella misma su ropa fabricar. Dicho curso era de noche, y ella vivía a las afueras de la ciudad, al extremo opuesto de la Academia Cross, y aun así, no pudo evitar el confrontarse con el oscuro secreto y el mal control de aquella institución pues, una de tantas cotidianas noches, del año antes a su ingreso, escuchó un terible grito femenino, y más que terrible, atemorizante. Sin que hubiese algo claro en su mente, corrió en aquella dirección.

Aquella escena jamás se borraría de su mente. Si bien, gracias al cielo había guardado el ser lo suficientemente cautelosa como para no ser la próxima partícipe de aquel cuadro, el verlo fue suficiente espectáculo para helarle la sangre de tacón a peluca. Era un alto y hermoso joven, más del que hubiese visto en toda su vida. Tenía un toque salvaje en aquella mirada, y no era exactamente su gatuna y carmesí pupila, era algo más, era a la par seductor y aterrador. La joven, la productora del grito que captó su atención, yacía en los brazos del hombre que vestía un hermoso uniforme blanco, el cual tenía una mancha con forma de río, del mismo color de la que eran sus ojos...
"Vampiro" fue la palabra que tan lenta y seductoramente como caía la sangre de la rubia dama sobre su blanco cuello, se pavoneaba por la mente de la niña.
Nunca pudo definir a ciencia cierta siél en verdad la vio o no, lo cierto es que, antes de dejar caer en seco el cuerpo de la joven, sonrío de una forma tan misteriosa, que Juliette no pudo más que salir corriendo, tal y como su madre a su nacimiento había hecho.

Desde entonces creció el enorme interés de conocer más acerca de esta raza. Llegó tan adentro de estos temas que un día llegó hasta la asociación de cazadores, pues, un día buscando en el ático –que en la casa France era una especie de biblioteca– encontró lo que sería, un viejo revólver, metido en un enorme baúl que nadie se había molestado en asegurar con un candado. Ahí, conoció la razón por la que la abuela había vivido en aquel pueblo durante tantos años: Su abuelo era un cazador.
La cosquilla de la curiosidad le movía más y más, siguió escarbando en aquel baúl lleno de recuerdos, hasta encontrar una carta con la información de una misión, de la cual la dirección del remitente, correspondía a la de la asociación. Fue entonces, que una vez muriendo Amélie, concentró su tiempo, ingenio y ganas en entrar a dicha asociación, cuya entrada no era por el afán de matar, sino el querer aprender más sobre aquella especie que tanta curiosidad le había producido. Su inteligencia le ayudó a adaptarse rápido, pero su aspiración y la falta de tiempo a subir de rango no le ayudó.

Al final, el año que su abuela le había dado de plazo para conseguir una vivienda, pasó. En la asociación conoció la historia de la Academia Cross, la cual le pareció el lugar correcto para convivir con ellos.




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The Last Revólver: Como dice su nombre, es un revólver, el de su abuelo. No tiene más gracia que cualquier arma similar a él, obviamente, más las características de las armas oficiales de los cazadores.
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Ama no Jaku: Es una daga que suele llevar en el liguero izquierdo, pues The Last Revolver va en el derecho. Lo mismo que en la anterior, no tiene alguna característica especial aparte de la capacidad de lastimar a un vampiro.
Posee el nombre "Nací cobarde" pues, las dagas siempre le han recordado aquellos pasajes donde el malo le clava una daga en la espalda al bueno, acto sumamente cobarde pero que ella no se molestaría en ejecutar.
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Re: Detrás del espejo... [ACEPTADA]

Mensaje por Dino Herondale el Miér Oct 03, 2012 8:48 am

No lo digo por halago, pero juro que está es la MEJOR FICHA que he leído hasta ahora en el foro. Que incluso supera a la de mi esposo y las que hago yo.

Ahora, mis razones por la que la ame, en especial a Amelie:
Rompe con todos los estereotipos de perfección. No contiene nada de la típica chica talentosa, o que es bonita. No. Tú pj presenta tantas imprefecciones que irónicamente es perfecto :D

Y por lo mismo, tu ficha está rotundamente aceptada y sería maravilloso que el resto (e, incluso yo me agrego, mira que has bajado mi ego~) siguiera tus pasos. Nada más que decir mi amod, comienze a rolear, y cuando digo eso, es por que roleare con tu pj si O SI.
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